miércoles, 28 de septiembre de 2011

Día 65: St-Vallier (PK75) – Les Roches de Condrieu (PK41)

Durante la mañana, el "Elisabeth" nos pasó.

Vista del Rhône y Condrieu, visto desde Les Roches de Condrieu

Vista del puerto de Les Roches de Condrieu desde Condrieu
21.09.11. Nos levantamos sobre las 7. No había mucha necesidad de  madrugar dado que no habría luz para intentar bucear. Desayunamos y nos arreglamos. Cuando salió el sol, intenté ver la hélice, pero al igual que el día anterior, el agua estaba demasiado turbia como para poder ver nada. Así que opté por amarrar fuerte al Tortuga al pantalán e intentar ver si el motor respondía bien. Y no había ningún problema aparente, así que decidimos salir. Sobre las 9:30 estábamos largando amarras. Nuestra velocidad, al igual que el día anterior, era de unos 2.5 nudos. Llegamos a la esclusa, y Joelle llamó por la emisora al esclusier. Nos dijeron que debíamos de esperar unos 15 minutos, pero enseguida pudimos entrar. Todo fue genial. Ya le habíamos pillado el punto a esto de las esclusas, y charlábamos tranquilamente de nuestras cosas durante el ascenso. Tras salir de la esclusa, Joelle se puso a guisar el pollo que había comprado… y la bombona justo se acabó… No había más gas. Tendríamos que parar tempranito hoy para cambiar la bombona y también para comprar las cartas para el Saône, el próximo río que debíamos de navegar. Miramos bien la carta y la mejor opción parecía Les Roches de Condrieu, que tenía un puerto grande, en una ciudad bastante grande también. Además la marina anunciaba que tenía una tienda naval. Tal vez ellos tendrían las cartas. Navengando a una velocidad de 3.5 nudos, llegamos sobre las 17.00 a Les Roches. Para no perder la costumbre, no pudimos encontrar a nadie por la emisora. Pero para nuestra sorpresa, vimos a Elisabeth amarrado a uno de los pantalanes! Nos hacían señas para que atracáramos en el hueco que había a su popa. Gracias de nuevo! Dejé a Joelle en el barco mientras yo iba a formalizar los papeles en la capitanería. Al volver, vi que estaba charlando muy alegremente con nuestro nuevo vecino de barco. Al parecer el hombre se ofrecía a acercarnos al centro comercial para cambiar la bombona! Qué amable! Sólo tardé lo que me costó cambiarme de pantalones y ponerme unas deportivas, y fuimos a cambiar la bombona. En exactamente 15 minutos estábamos de vuelta en el barco con una bombona llena. En el futuro buscaré una segunda bombona para que estas cosas no pasen… Pero bueno, no era el momento… Luego me acerqué a la tienda náutica, para ver si tenían las cartas del Saône, pero no hubo suerte. A la vuelta al barco, me encontré con los holandeses y estuvimos hablando un rato. Me preguntaban que a dónde iba, y yo les dije que volvía de buscar las cartas. Ellos me dijeron que no eran fáciles de encontrar, y que debía de pedirlas por Internet. Me dijo que él se acababa de comprar la nueva versión, y que si quería, me regalaba la copia más antigua. No la quería para nada, pero dijo que era perfectamente válida para navegar. Pues muchas gracias! Les dije de pasar a tomar una cervecita frequita y aceptaron con mucho gusto. Eran una pareja muy amable y simpática. Llevaban navegando más de 15 años por los canales, y ahora venían del Canal du Midi. Nos dijeron que iban hacia Macon, como nosotros. Nos dijeron que iban a hacer noche en Lyon… ¡Como nosotras! Al parecer conocían un buen punto de amarre en el PK3 del Saône, así que quedamos en vernos allí. No tardaron en irse a cenar y nosotras nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Justo detrás de la marina, el río se había embalsado, y habían instalado “remontes” (como los que hay en las pistas de ski de montaña), sólo que aquí era para el ski acuático. Qué buen invento! Dimos una buena vuelta y volvimos a cenar y ducharnos. Mañana abandonaríamos el Rhône y comenzaríamos nuestra aventura por el Saône.

    • Distancia recorrida: 20 nm
    • Tiempo aproximado: 7.5 h
    • Número de esclusas: 1
    • Distancia total recorrida: 1198 nm
    • Tripulación: Joelle

Día 64: Valence (PK 112) – St Vallier (PK 75)

Entraba con nosotros una pèniche en la esclusa de Bourg-les-Valence.


La pèniche parecía que no iba a entrar... ¡por poco!
Pasando por Saint Vallier
Atracados a popa del barco holandés "Elisabeth".
20.09.11. Como acordamos la noche anterior, nos levantamos sobre las 6:00. Nos hicimos un buen desayuno, nos aseamos y recogimos todo para salir. Arranqué el motor para revisar que la correa estuviera bien instalada y llevé a Joelle a la cubierta para explicarle todas las maniobras y demás. Pero no había mucho que explicar. Ella tenía mucha experiencia de navegación. E incluso había cruzado el Atlántico! Sobre las 7:50 estábamos largando amarras. Berkeley, tal y como nos prometió la noche anterior, se levantó para ayudarnos en la maniobra. Volvimos de nuevo al Rhône, dirección norte. Había bastante viento de N y una corriente fuerte. Nuestra velocidad era de 2 nudos. A 6 km río arriba teníamos nuestra primera esclusa: Bourg-les-Valence, con un desnivel de 15 metros, casi nada después de Bollène! Nos tocó esperar unos 20 minutos, por lo que atracamos en el muelle de espera. Cuando la luz se puso verde, entramos en la esclusa. Ella era muy tranquila y preparaba todo con mucho tiempo de adelanto, para evitar posibles problemas, y a mi esto también me daba mucha tranquilidad. Pasamos la esclusa sin problemas y seguimos camino hacia Lyon. El viento bajó un poco, y nuestra velocidad pasó a ser de 2.5-3 nudos. A media mañana nos hicimos un tentempié y Joelle cogió la caña por el resto de la mañana. Yo hice la comida más tarde y sobre las 14:30 llegamos a la esclusa de Garvais. Llamamos por el canal 20 al esclusier pero no hubo respuesta. A medida que nos acercamos la luz se puso verde, así que entramos directamente. Amarramos hacia la mitad de la esclusa, y de repente, se oyó un mensaje por la megafonía diciendo, primero en francés y luego en inglés, que nos moviéramos hacia el final de la esclusa. ¿Vendría otro barco? Y en el horizonte apareció una pèniche. Parecía que no iba a entrar, pero si el esclusier no decía nada, entonces debía de entrar bien. Entró sin problemas, y salimos de la esclusa en apenas media hora. Al cruzar la esclusa encontramos más corriente, así que nuestra velocidad seguía siendo de 2.5 nudos con máximos de 3.  Continuamos así durante unas horas más. Hacia las 16:30, decidimos que no íbamos a llegar a la siguiente esclusa (se nos haría de noche antes de llegar), así que dormiríamos en el club nautic Loisirs (PK73). Íbamos tranquilamente cuando de repente, ¡ZAS! Habíamos encallado! Sin previo aviso, y dentro del canal, había un banco de arena. Y ahí estábamos. Le daba al motor atrás pero no había manera. Finalmente fue el viento que soplaba el que nos sacó. La proa tan lanzada del Tortuga hacía a modo de vela, y nos abatía hasta sacarnos. Pero el motor respondía sólo a medias. Llegaba sólo a 2000 rpm y apenas tenía control sobre la embarcación. Habríamos perdido la hélice? No era posible. Había tocado de frente con la quilla. Habríamos perdido el timón? Tampoco, me asomé y vi la pala. Pero vi también muchas algas… probablemente tendríamos la hélice llena de algas… Una vez estuvimos libres de la arena, probé a darle un poco avante y atrás al motor, y finalmente parecía que el motor reaccionaba. En cualquier caso llamamos al club náutico Loisirs. Nos respondió una mujer y nos dijo que no nos veía… pero debíamos estar casi encima! No había forma de encontrar este sitio, así que decidimos dar media vuelta y atracar en un pantalán cercano donde habíamos visto un trawler atracado. Con la corriente apenas tardamos 2 minutos en llegar. Habían atracado justo en el centro del pantalán por lo que no había forma de amarrar sin abarloarnos. Le dimos un par de señales acústicas por si estaban a bordo, pero nada. Así que despacito, y maniobrando siempre pensando que el motor podía no reaccionar, nos abarloamos a esta motora verde. No tuvimos problemas. El motor respondió bien, pero había que revisar todo y ver qué había pasado. Enseguida llegaron los dueños del barco, y a mano avanzaron su barco y nosotros nos pusimos a su popa. Eran una pareja muy amable, holandeses. El barco se llamaba Elisabeth. Estuvimos hablando con ellos largo y tendido. Al parecer ellos también estuvieron en Valence y nos vieron allí amarrados. Revisé que todo estuviera bien. ¿Por qué no pasó el motor de 2000 rpm? Luego reaccionó, pero queríamos saber qué había pasado… ¿Podría ser el filtro del agua exterior que estaba lleno de algas? No explicaba que no revolucionara el motor… si hubiera estado sucio en todo caso se hubiera calentado el motor. En cualquier caso lo miré. LIMPIO. Un problema del motor? Lo arranqué, lo embragué y le di a tope. Funcionaba normalmente. No era un problema del motor. La única opción era que fuera algo en la hélice. Había que bajar a mirar. Pero no tenía gafas de buceo. Así que decidí coger la bicicleta e ir a buscar el famoso club náutico Loisirs a ver si alguien me podía prestar unas gafas un rato. Me recorrí unos 4 km río arriba, y no había signos de esta náutica. Dónde estaría? Desde luego no estaba donde indicaba la carta. Al regreso, ya dándome por vencida, vi un centro de natación! Allí entré y les expliqué mi situación, y sin mayor problema me prestaron unas gafas de natación. Para cuando llegué al barco, había oscurecido un poco. Me metí en el agua y ésta estaba tan turbia que era imposible ver ni mis pies. Así que decidí dar el tema por zanjado al menos hasta el día siguiente. Mientras yo trabajaba revisando el barco, Joelle  estaba preparando unas sardinas en vinagre y preparaba un aderezo típico peruano para acompañarlas. En la TV estaban echando Troya, y estuvimos viéndola mientras cenamos. Mañana veríamos si seguíamos teniendo algún problema, pero dado que el motor respondió a la perfección en la maniobra de atraque, todo apuntaba a que fuera cual fuera el problema (probablemente muchísimas algas en la hélice) estaba solucionado.
    • Distancia recorrida: 24 nm
    • Tiempo aproximado: 8 h
    • Número de esclusas: 2
    • Distancia total recorrida: 1178 nm
    • Tripulación: Joelle

Día 63: Valence

Joelle y yo, compañeras de aventura para los próximos días.

Puerto de Valence
19.09.11. Por la mañana fuimos a buscar la famosa correa de mi motor. Bob se ofreció a llevarnos en su coche. Él llevaba alrededor de un año viviendo en este puerto y se conocía todas las tiendas… así que fuimos con él. Según salíamos del aparcamiento del puerto, su coche empezó a hacer un ruido muy extraño, y asustados, paramos en el arcén. Cuando Bob quiso volver a arrancar, el motor no respondía. Abrimos el capó y vimos unas fibras por todo el motor. Se había roto la correa de distribución del motor! (justo la misma que yo andaba buscando para mi barco…) (parece que el destino quisiera darme una lección de lo que puede pasar si no cambias a tiempo la correa). Pero Bob dijo que apenas 1 semana antes de habían cambiado todas las correas. Así que empujamos el coche hasta un campito cercano y allí lo dejamos hasta que Bob pudiera hablar con la gente que le hizo el trabajo de las correas. Seguíamos buscando formas de encontrar mi correa, y Bob, de nuevo muy amablemente, fue a pedirle prestado el coche a Berkeley. De nuevo, la misma operación. Arrancamos y salimos del aparcamiento del puerto. Pero poco después de pasar el coche averiado de Bob, el coche de Berkeley empezó a lanzar una alarma de “nivel bajo de refrigerante” y decía continuamente “STOP!”. Asustados, volvimos a parar. Pero tenía líquido refrigerante… no mucho, pero tenía más que suficiente. Estos coches tan modernos son a veces un poco “sobrados de listos”. Así que continuamos, y la alarma no volvió a aparecer. Tuvimos que ir a unas 5 tiendas y finalmente dimos con la correa para mi motor, al menos trapezoidal, muy ligeramente más corta que la original, pero podría valer. Quise comprar dos o tres, pero sólo tenía 1! Bueno, valdría… Volvimos al barco y la monté. Luego comimos los 3 y tocaba llevar a Antoine a la estación de trenes. De nuevo Bob y Berkeley se ofrecieron para llevarnos. Dejamos a Antoine y Fanette en la estación de trenes y salieron sobre las 3 hacia Montpellier. A la vuelta, y en agradecimiento, le dije querían cenar con nosotras, pero Berkeley dijo que prefería él invitarnos a nosotras a una buena cena. Luego me contó que es un renombrado chef! No podíamos decir que no ante tal invitación. Joelle y yo pensábamos navegar esa tarde un poco, pero no podíamos rechazar una invitación tan interesante… Así que durante la tarde nos relajamos un poco y yo aproveché para terminar de recoger un poco y limpiar de todos los días atrás de navegación. Durante toda la tarde olía GENIAL por el barco de Berkeley. Debía de estar trabajando mucho esa tarde preparando la cena! Ya estábamos intrigadas pensando qué estaría cocinando. Esa noche fue de lo más agradable. Antes de cenar tomamos un aperitivo y luego Berkeley sacó su plato principal: lingüini con carne en salsa de vino. BUENÍSIMO! Habíamos comido tanto durante el aperitivo que apenas nos podíamos acabar el plato, pero estaba tan bueno, que todos acabamos repitiendo y comiendo un poco más. Y de postre, había hecho un postre típico francés: “prunes” al coñac. Exquisito! Charlamos de muy diversos temas esa noche, pero de verdad que fue una noche de lo más interesante. Intercambiamos los correos para no perder el contacto y Joelle y yo nos recogimos, dado que al día siguiente queríamos salir tempranito para hacer un buen día de navegación. Espero que nos volvamos a ver, Bob & Berkeley! Y Gracias por todo!

Día 62: Esclusa de Chateneuf (PK 167) – Valence (PK112)

Hoy el día estuvo nublado, y nos tocó ponernos la ropa de agua.


Ataviada con la ropa de agua y de frío.
18.09.11. Nos levantamos sobre las 6:00 y largamos amarras sobre las 7:30. Apenas había amanecido. El día se presentó muy frío. Estaba chispeando y hacía un mistral bastante fuerte que ralentizaba nuestra marcha. De nuevo buscamos el abrigo de las riberas para evitar la corriente del Rhône. El día continuó sin grandes contratiempos, sólo pasando mucho frío. En un punto, el viento era tan fuerte que formaba olas, pero pronto amainó.
Llegamos a la esclusa de Logis Neuf. El “esclusier” no dijo que debíamos esperar unos 25 minutos, así que atracamos en el pantalán de espera. Nos tomamos un merecido te caliente mientras esperábamos. Enseguida vimos que se encendía la luz verde y se abría la puerta, así que entramos. Estábamos solos en la esclusa. Amarramos como hacíamos habitualmente, con dos amarras: 1 de proa y otra de popa al bolardo, que intentábamos mantener siempre en el centro del barco para equilibrarlo durante el ascenso. Sobre las 10:45 estábamos fuera. Dejamos atrás Montelimar y tras un tiempo navengado bajo una intensa lluvia, llegamos a la esclusa de Beaucharel. Unos 2 km antes de esta esclusa, avisamos a la oficina correspondiente para que nos tuvieran en cuenta. El esclusier no dijo que si nos dábamos prisa nos esperaba. Al parecer acababa de entrar una pèniche y una barca a motor, y si no tardábamos mucho, podríamos cruzar con ellos. Les dijimos que OK, pero yo tenía claro que Tortuga no iba a llegar más rápido a pesar de acelerar el motor (había unos 2.5 nudos de corriente en contra), así que seguimos a nuestro ritmo. Al rato llegamos y vimos que la luz seguía en verde. Nos habían esperado como dijo el esclusier! Muy amable por su parte! Sin embargo, debíamos de atracar de babor, pero me daba miedo porque teníamos todas las antenas por esa banda, y como nos descuidáramos, podríamos golpearlas contra los muros de la esclusa. Estuve a punto de decirle al esclusier que nos esperábamos al siguiente movimiento, pero ya que nos había esperado me daba apuro. Había que seguir adelante. Amarramos como de costumbre si ningún problema. Pero en esta ocasión, yo me quedé en la plataforma de popa con el bichero alejando al Tortuga de la pared para evitar romper las antenas. Ascendimos muy rápidamente, y en poco tiempo ya habían salido la pèniche y la barca. Nos tocaba a nosotros salir. No se bien qué pasó que Antoine se puso nervioso. Lo único que me gritó es que había perdido una defensa y flotaba hacia popa. Nosotros ya estábamos marcha avante, pero no se muy bien cómo tuve los reflejos de parar el motor, darle suavemente atrás, poner el piloto automático, coger el bichero y darle unas vueltas al cabo de la defensa y volver a la caña para evitar que golpearan las antenas en el muro al dar marcha atrás. Tan rápido fue todo que pensé que no había cogido la defensa, pero cuando recogí el bichero ahí estaba la defensa! Es una de estas maniobras que sólo te pueden salir bien una vez en la vida… No me lo creía y no pude evitar reirme en voz alta. Estábamos solo a unos pocos kilómetros de Valence. Entramos en el puerto sin mayor complicación, eso sí, prestando mucha atención a la señalización de entrada porque había muchos bajos junto a la bocana. Vimos a alguien en el pantalán haciéndonos señas, y asumí que era el marinero. Nos indicó un punto de amarre y allí nos ayudó a amarrar. Más tarde me dijo que no era el marinero del puerto, que esa marina no tenía marinero alguno. Se llamaba Bob, era británico y vivía en un barco un par de atraques más hacia tierra que se llamaba Inspraytion. Lo había construido él mismo! Le dije que se pasara a tomar el aperitivo con nosotros si quería, por toda la ayuda en el atraque. Y dijo que sí. También conocimos a nuestro nuevo vecino de barco, amigo de Bob, Berkeley, y también británico. Fue a capitanería a arreglar los papeleos y recogí un poco el barco. Mi nueva tripulante, Joelle, no tardaría en llegar y quería tener todo más o menos recogido. Cuando hube terminado, me fui a dar una ducha, y apenas terminé y salía hacia el barco, me llamó Joelle diciendo que acababa de entrar en el puerto… Y allí estaba! Una mujer encantadora, me comentaba que tenía muchas ganas de navegar... La instalamos y guardamos todas sus cosas. Hoy tendríamos que ser tres en el barco. A Antoine no le había dado tiempo a buscar un tren para volver a su casa. Pero bueno, sería sólo para esta noche. Y a la hora del “aperitif” se acercaron Bob y Berkeley. Pero el acceso a mi barco era un poco complicado para Berkeley dado que sufría de una enfermedad, así que acabamos todos en el barco de Berkeley bebiendo vino y hablando un poco de nuestras vidas para conocernos. Fue una tarde de los más interesante y enriquecedora. La tarde fue tan agradable que acabamos “el aperitif” a las 22:30! Y es que el hambre llamaba. Volvimos al barco a cenar algo rápido y a la cama…
    • Distancia recorrida: 26 nm
    • Tiempo aproximado: 10h
    • Número de esclusas: 2
    • Distancia total recorrida: 1154 nm
    • Tripulación: Antoine

lunes, 26 de septiembre de 2011

Día 61: Esclusa de Bollène (PK187) – Esclusa de Chateneauf (PK163).

Vista del interior de la esclusa de Bollène.

17.09.11. Nos levantamos sobre las 7:30. Desayunamos y revisé el motor. Antoine insistió en que debíamos de cambiar la correa antes de partir. Yo no la veía mal, y sólo tenía 300 horas (de las 800 recomendadas). Me dijo que iba a romperse en cualquier momento, y se tomaba a mal que no le creyera. Así que saqué la correa de repuesto. Pero era más grande! Me debieron de dar la incorrecta cuando fui a comprarlas antes de salir de Sevilla! Así que llamé a la oficina de la esclusa para preguntar si había algún sitio cercano para comprar una correa que valiera. Me dijo que me quedaría más cerca si cruzaba antes la esclusa. Así que así hicimos. Nos dijo el hombre que esperábamos a un mercante de nombre “Polaris” para entrar en la esclusa a la vez. ¡Horror! Justo lo que quería evitar… Pero no me atreví a ponerle pegas al controlador. Esto es lo que había. Entramos en la esclusa una vez entró el famoso “Polaris” y detrás de otro barquito deportivo que venía detrás. Esta esclusa daba realmente miedo. Entrábamos en un cajón de más de 30 metros de altura y sólo 7 metros de ancho. No había casi luz, parecía que fuera casi de noche. En cuanto entramos por las puertas, todos los aparatos me empezaron a pitar diciendo que había perdido algún tipo de señal (e.j. satélites para el GPS). La barquita atracó a estribor de la esclusa. Nosotros teníamos todo preparado para estribor, así que rápidamente tuvimos que cambiar la maniobra para atracar de babor, y todo en 1 minuto que es lo que teníamos hasta el bolardo. Hicimos como habitualmente: dos amarras al bolardo, una de proa y otra de popa. Pero teníamos el mástil y todas las antenas que sobresalían por babor! Así que Antoine se quedó con el bichero vigilando la proa y yo en la plataforma de popa asegurándome que no tocaran las antenas contra el muro. Esta actividad me mantuvo ocupada, y así no le presté atención al ascenso. La sensación de claustrofobia de otro modo era agobiante. Pero todo fue genial. Subimos los 23 metros de desnivel y volvimos a ver el sol de la mañana. Cuando todo hubo terminado, salió Polaris y salió la otra barca. En último lugar salimos nosotros, despacio, hacia el pantalán de espera de la cara norte de la esclusa. Aquí volvimos a atracar y con la bicicleta recorrí los 3 km que nos separaban de la tienda que supuestamente vendían las correas. Allí encontré 3 tiendas de coches, y todas ellas me dijeron que no tenían ese tipo de correa (ya que la que lleva mi motor no es plana como la de los coches sino trapezoidal como la de los motores industriales). Además, todos ellos me dijeron que la correa estaba usada pero que no estaba tan tan mal como decía Antoine. Bueno, así que podría continuar con la correa hasta que encontrara una nueva. La cambiaría en cualquier caso por seguridad… tampoco son tan caras… La volví a montar y continuamos camino. Al final del canal de Mondragón encontramos unas grandes compuertas. Estaban abiertas, pero decía la guía que estaban ahí para prevenir inundaciones en los pueblos cercanos cuando se producían las crecidas del río. Al salir del canal y volver a adentrarnos en el Rhône, llegamos al desfiladero de Donzère. Una verdadera maravilla. La guía decía que en esta zona se han encontrado importantes yacimientos prehistóricos. Un antiguo puente colgante unía ambas orillas. A los pies del desfiladero discurría las vías del tren. Pronto pasamos por Viviers. Era una ciudad tan bonita que decimos atracar allí para pasar la noche. Vi un barco bastante grande atracado en el interior, así que pensé que habría calado. Además, junto a los pantalanes, había un cartel que indicaba que había 2 metros de calado en la zona. Nos aproximamos al pantalán y la sonda llegó a marcar 1.80 (calando Tortuga 1,77). Así que muy despacio di marcha atrás y salimos. Nos perderíamos el atardecer en este pueblo tan bonito. Pero bueno… haríamos noche en el pantalán de la esclusa de Chateneuf, que estaba sólo a 2 km al norte de Viviers.
Puertas "anti-inundación" en el extremo N del canal de Mondragón.

    • Distancia recorrida: 11 nm
    • Tiempo aproximado: -
    • Número de esclusas: 1
    • Altura ascendida: 23 m (sobre el nivel del mar)
    • Distancia total recorrida: 1128 nm
    • Tripulación: Antoine
Desfiladero de Donzère.

Día 60: Avignon (PK242) – Esclusa de Bollène (PK187)

Entrando en la esclusa de Avignon

Vista de Saint-Etienne-des-Sortes
Amarrados para la noche frente a la temida esclusa de Bollène.
16.09.11. Me desperté sobre las 7 y le di un buen baño al Tortuguita antes de salir. Sobre las 8:45 arranqué el motor y salimos para retomar nuestra ruta. Debíamos de descender el ramal que habíamos tomado para entrar en Avignon para luego remontar de nuevo el Rhône. En este pequeño tramo, la velocidad nuestra era de 2 nudos, a pesar de llevar el motor a ralentí! Contra esta corriente estábamos continuamente luchando en nuestro ascenso a Lyon, y en muchas zonas calculo que la corriente era muy superior. A unos 4 km de Avignon estaba nuestra siguiente esclusa, la Esclusa de Avignon (con 9,50 m de desnivel). Tenía unos 10 metros de desnivel y la entrada de agua fue considerablemente más fuerte que en las anteriores. Se ve que el controlador tendría prisa por marcharse! Entramos con otro velero más, con el que nos cruzamos la tarde anterior, un velero alemán de aluminio. Seguimos navegando y sobre las 13:00 llegamos a la esclusa de Cadeurosse (10 metros de desnivel). Esta esclusa también la cruzamos con el mismo velero. Ya decía la guía que el personal de las esclusas guarda información de la velocidad de las embarcaciones y sus rutas, para planear cuándo abrir las esclusas e intentar no abrir para una única embarcación de recreo. En este caso, los de la torre de control llenaron la esclusa muy lentamente, y fue muy fácil. Cuando se puso la luz verde de salida, ya eran las 13:45. El velero alemán volvió a perderse en el horizonte. Hoy no hizo nada de viento, y hacía un calor tremendo. El cielo tenía unas pocas nubes muy dispersas y aplanadas, lo que aquí llaman un cielo “lechoso”. Estuvimos a punto de parar en Saint Etienne des Sortes. La guía decía que había un muelle de fácil acceso con una frutería y una venta de vino local. Pero queríamos hacer noche en la esclusa de Bolléne. Estábamos a 15 km así que hicimos un esfuerzo más. Sobre las 16:00 accedimos al Canal de Mondragon, que es considerablemente más estrecho que el cauce del Rhône. Pero el Rhône en esta zona tiene muchos meandros y tiene muchos bancos de arena. De ahí que crearan este ramal artificial que es lo que llaman el Canal de Mondragon. Es este canal la corriente es considerablemente más fuerte y nuestra velocidad se ralentizó (2.5 nudos). Ganamos sin embargo casi un nudo pegándonos todo lo posible a tierra. Llegamos a la esclusa de Bollène y había una pèniche esperando en el muelle. Apenas atracamos, ella fue hacia la esclusa. La luz roja y verde indicaba que pronto abriría. Antoine y yo teníamos claro que no queríamos entrar en una esclusa tan grande (Bollène tiene más de 23 metros de desnivel) con una pèniche tan monstruosa. Se ve que el controlador pensó lo mismo, y apenas entró la pèniche en la esclusa nos encendió la luz roja. Sin ganas de afrontar un “ascensor” de 23 metros de altura después de todo el día navegando, le pregunté al controlador si podíamos hacer noche en el pantalán de espera. Dijo que no había problema, así que así hicimos. Me daba muchísima claustrofobia pensar en esta esclusa, y emocionalmente no tenía capacidad de afrontarla. Nos relajamos con un vinito y un “pastise”. Mañana sería mejor.

    • Distancia recorrida: 27 nm
    • Tiempo aproximado: 9 h
    • Número de esclusas: 2
    • Altura ascendida: 19,50 m (sobre el nivel del mar)
    • Distancia total recorrida: 1087 nm
    • Tripulación: Antoine

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Día 59: Arles (PK 282) – Avignon (PK 242).



Pasando por Tarascon, y sus vistas al castillo.
Entrando a la esclusa.
¡Maniobra perfecta!
El agua sube hasta arriba... es como un ascensor para barcos.
Un puente sobre el Rhône...
Vista del Puente de St. Benezet y Avignon al fondo.
15.09.11. Sobre las 6:30 me despertó de nuevo una pèniche. Me levanté para asegurar que la salchicha estaba funcionando y todo perfecto. En el proceso desperté sin querer a Antoine, así que igualmente nos pusimos en marcha. Un cafetito y a cargar móviles. Y las baterías empezaron a quejarse! Me saltaron las alarmas de nivel bajo de batería! Pero si ayer estuvimos todo el día con el motor (lo cual carga baterías)!. Qué pasaba? Miré y las baterías estaban sin agua! Y yo sólo tenía 1 litro de agua destilada. Fui con la bicicleta sobre las 7:30 a ver si encontraba alguna estación de servicio abierta donde comprar agua. Pero nada. Así que volví al centro histórico. Allí había un supermercado que estaba abierto desde las 7 am! Genial! Compré 4 litros, pensando en tener algo de sobra. Volví al barco y llené de aguas las baterías. Pero se bebieron de sobra los 4 litros. Tuve que volver a por otros 4 litros. La cajera del supermercado se reía y todo! ¿Qué puede estar haciendo una persona comprando 8 litros de agua destilada a las 7:30 am? Llené las baterías y pusimos rumbo norte de nuevo sobre las 8:40. Hacía frío y bastante viento de norte. Calculé que la corriente que teníamos en contra debía de estar en torno a loas 2.3 nudos, ya que con el motor a 2,500 rpm estábamos haciendo unos 2.3 nudos. Me puse lo más cerca de la ribera que me permitía la profundidad, y así con seguía ganar un nudo más, protegida de la corriente. Sobre las 12:00 llegamos a Tarascon. Había un puente de piedra realmente bonito, pero aquí la corriente debía de ser máxima, y nuestra velocidad pasó a ser un rato de 1.4 nudos. De todas formas la vista merecía que conserváramos esta velocidad. Al pasar el segundo puente se desplegó ante nosotros la vista de un maravilloso castillo del s. XV. Estaba al borde del río, y tendría unas 4 plantas y dos torres. Al S, una iglesia de cuento, que nos despidió con un repique de campanas que marcaban las 12:00. Había gente visitando el castillo, y paseaban por lo alto de las torres, y nos saludaban desde allí. Sobre las 12:30 llegamos a la esclusa de Vallebregues. Llamé a la esclusa por el canal 20 (como indicaba la guía), pero no sabían inglés, así que tuve que pasarle la emisora a Antoine. Con los prismáticos vimos que el semáforo tenía dos  luces encendidas, una roja y una verde. Miré en la guía, y eso significaba que la esclusa estaba a punto de abrir. Igualmente atracamos en el pantalán de espera. A los 10 minutos el semáforo se puso en verde, así que pusimos rumbo a la esclusa. Íbamos despacio por la corriente, pero una vez estuvimos al abrigo del dique de la esclusa, la corriente desapareció y pudimos entrar con absoluta tranquilidad. Yo pensé que debíamos de usar dos bolardos (uno a proa y otro a popa), pero estaban tan separados unos de otros que era evidente que no era así. Debíamos de usar sólo uno. Echamos una amarra de proa y otra de popa, dejando el bolardo en el centro del barco. La mujer de la torre de control nos dijo por la megafonía que debíamos de ponernos los chalecos salvavidas, así que entré corriendo al barco y saqué dos. Subimos 15 metros de desnivel. La mujer de nuevo nos indicó que no soltáramos las amarras hasta que no se encendiera la luz verde de salida, así que así hicimos. Una maniobra perfecta. Ningún estrés. Al salir de la esclusa nos encontramos con un Rhône calmo. Parecía un lago. Había algo de corriente, pero nuestra velocidad era ahora de 3.5 nudos. Pasamos el puerto de Vallebregues y frente a nosotros se mostró el perfil de los Alpes! Puse el piloto automático un rato mientras Antoine hacía la comida. Fui a la proa y descubrí una zona de relax del ruido del motor. Aquí casi solo se escuchaba como Tortuga rompía las aguas del Ródano! El resto de la jornada transcurrió con absoluta calma. Simplemente disfrutamos del viaje. Sobre las 17:00 llegamos a Avignon. Las vistas eran impresionantes. La ciudad nos recibió con una estatua representando la revolución francesa. Enseguida se mostraron los tan famosos “Palacios Papales”, con una columna de más de 50 metros rematada por una figura dorada de una virgen. Seguimos adelante buscando la marina que comentaba la guía. Después del puente de Saint Benezet encontramos el puerto. No encontramos las duchas prometidas, pero sí había agua y electricidad. Nos abarloamos a un muelle de piedra. Recogimos  un poco, un manguerazo para refrescarnos y salimos a ver la ciudad. Una auténtica maravilla, una ciudad fortificada. Nos tomamos unas cervezas en la “Plaza del Reloj”. Un día increíble!

    • Distancia recorrida: 22 nm
    • Tiempo aproximado: 8 h
    • Número de esclusas: 1
    • Altura ascendida: 15,50 m (sobre el nivel del mar)
    • Distancia total recorrida: 1087 nm
    • Tripulación: Antoine