lunes, 26 de septiembre de 2011

Día 60: Avignon (PK242) – Esclusa de Bollène (PK187)

Entrando en la esclusa de Avignon

Vista de Saint-Etienne-des-Sortes
Amarrados para la noche frente a la temida esclusa de Bollène.
16.09.11. Me desperté sobre las 7 y le di un buen baño al Tortuguita antes de salir. Sobre las 8:45 arranqué el motor y salimos para retomar nuestra ruta. Debíamos de descender el ramal que habíamos tomado para entrar en Avignon para luego remontar de nuevo el Rhône. En este pequeño tramo, la velocidad nuestra era de 2 nudos, a pesar de llevar el motor a ralentí! Contra esta corriente estábamos continuamente luchando en nuestro ascenso a Lyon, y en muchas zonas calculo que la corriente era muy superior. A unos 4 km de Avignon estaba nuestra siguiente esclusa, la Esclusa de Avignon (con 9,50 m de desnivel). Tenía unos 10 metros de desnivel y la entrada de agua fue considerablemente más fuerte que en las anteriores. Se ve que el controlador tendría prisa por marcharse! Entramos con otro velero más, con el que nos cruzamos la tarde anterior, un velero alemán de aluminio. Seguimos navegando y sobre las 13:00 llegamos a la esclusa de Cadeurosse (10 metros de desnivel). Esta esclusa también la cruzamos con el mismo velero. Ya decía la guía que el personal de las esclusas guarda información de la velocidad de las embarcaciones y sus rutas, para planear cuándo abrir las esclusas e intentar no abrir para una única embarcación de recreo. En este caso, los de la torre de control llenaron la esclusa muy lentamente, y fue muy fácil. Cuando se puso la luz verde de salida, ya eran las 13:45. El velero alemán volvió a perderse en el horizonte. Hoy no hizo nada de viento, y hacía un calor tremendo. El cielo tenía unas pocas nubes muy dispersas y aplanadas, lo que aquí llaman un cielo “lechoso”. Estuvimos a punto de parar en Saint Etienne des Sortes. La guía decía que había un muelle de fácil acceso con una frutería y una venta de vino local. Pero queríamos hacer noche en la esclusa de Bolléne. Estábamos a 15 km así que hicimos un esfuerzo más. Sobre las 16:00 accedimos al Canal de Mondragon, que es considerablemente más estrecho que el cauce del Rhône. Pero el Rhône en esta zona tiene muchos meandros y tiene muchos bancos de arena. De ahí que crearan este ramal artificial que es lo que llaman el Canal de Mondragon. Es este canal la corriente es considerablemente más fuerte y nuestra velocidad se ralentizó (2.5 nudos). Ganamos sin embargo casi un nudo pegándonos todo lo posible a tierra. Llegamos a la esclusa de Bollène y había una pèniche esperando en el muelle. Apenas atracamos, ella fue hacia la esclusa. La luz roja y verde indicaba que pronto abriría. Antoine y yo teníamos claro que no queríamos entrar en una esclusa tan grande (Bollène tiene más de 23 metros de desnivel) con una pèniche tan monstruosa. Se ve que el controlador pensó lo mismo, y apenas entró la pèniche en la esclusa nos encendió la luz roja. Sin ganas de afrontar un “ascensor” de 23 metros de altura después de todo el día navegando, le pregunté al controlador si podíamos hacer noche en el pantalán de espera. Dijo que no había problema, así que así hicimos. Me daba muchísima claustrofobia pensar en esta esclusa, y emocionalmente no tenía capacidad de afrontarla. Nos relajamos con un vinito y un “pastise”. Mañana sería mejor.

    • Distancia recorrida: 27 nm
    • Tiempo aproximado: 9 h
    • Número de esclusas: 2
    • Altura ascendida: 19,50 m (sobre el nivel del mar)
    • Distancia total recorrida: 1087 nm
    • Tripulación: Antoine

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Día 59: Arles (PK 282) – Avignon (PK 242).



Pasando por Tarascon, y sus vistas al castillo.
Entrando a la esclusa.
¡Maniobra perfecta!
El agua sube hasta arriba... es como un ascensor para barcos.
Un puente sobre el Rhône...
Vista del Puente de St. Benezet y Avignon al fondo.
15.09.11. Sobre las 6:30 me despertó de nuevo una pèniche. Me levanté para asegurar que la salchicha estaba funcionando y todo perfecto. En el proceso desperté sin querer a Antoine, así que igualmente nos pusimos en marcha. Un cafetito y a cargar móviles. Y las baterías empezaron a quejarse! Me saltaron las alarmas de nivel bajo de batería! Pero si ayer estuvimos todo el día con el motor (lo cual carga baterías)!. Qué pasaba? Miré y las baterías estaban sin agua! Y yo sólo tenía 1 litro de agua destilada. Fui con la bicicleta sobre las 7:30 a ver si encontraba alguna estación de servicio abierta donde comprar agua. Pero nada. Así que volví al centro histórico. Allí había un supermercado que estaba abierto desde las 7 am! Genial! Compré 4 litros, pensando en tener algo de sobra. Volví al barco y llené de aguas las baterías. Pero se bebieron de sobra los 4 litros. Tuve que volver a por otros 4 litros. La cajera del supermercado se reía y todo! ¿Qué puede estar haciendo una persona comprando 8 litros de agua destilada a las 7:30 am? Llené las baterías y pusimos rumbo norte de nuevo sobre las 8:40. Hacía frío y bastante viento de norte. Calculé que la corriente que teníamos en contra debía de estar en torno a loas 2.3 nudos, ya que con el motor a 2,500 rpm estábamos haciendo unos 2.3 nudos. Me puse lo más cerca de la ribera que me permitía la profundidad, y así con seguía ganar un nudo más, protegida de la corriente. Sobre las 12:00 llegamos a Tarascon. Había un puente de piedra realmente bonito, pero aquí la corriente debía de ser máxima, y nuestra velocidad pasó a ser un rato de 1.4 nudos. De todas formas la vista merecía que conserváramos esta velocidad. Al pasar el segundo puente se desplegó ante nosotros la vista de un maravilloso castillo del s. XV. Estaba al borde del río, y tendría unas 4 plantas y dos torres. Al S, una iglesia de cuento, que nos despidió con un repique de campanas que marcaban las 12:00. Había gente visitando el castillo, y paseaban por lo alto de las torres, y nos saludaban desde allí. Sobre las 12:30 llegamos a la esclusa de Vallebregues. Llamé a la esclusa por el canal 20 (como indicaba la guía), pero no sabían inglés, así que tuve que pasarle la emisora a Antoine. Con los prismáticos vimos que el semáforo tenía dos  luces encendidas, una roja y una verde. Miré en la guía, y eso significaba que la esclusa estaba a punto de abrir. Igualmente atracamos en el pantalán de espera. A los 10 minutos el semáforo se puso en verde, así que pusimos rumbo a la esclusa. Íbamos despacio por la corriente, pero una vez estuvimos al abrigo del dique de la esclusa, la corriente desapareció y pudimos entrar con absoluta tranquilidad. Yo pensé que debíamos de usar dos bolardos (uno a proa y otro a popa), pero estaban tan separados unos de otros que era evidente que no era así. Debíamos de usar sólo uno. Echamos una amarra de proa y otra de popa, dejando el bolardo en el centro del barco. La mujer de la torre de control nos dijo por la megafonía que debíamos de ponernos los chalecos salvavidas, así que entré corriendo al barco y saqué dos. Subimos 15 metros de desnivel. La mujer de nuevo nos indicó que no soltáramos las amarras hasta que no se encendiera la luz verde de salida, así que así hicimos. Una maniobra perfecta. Ningún estrés. Al salir de la esclusa nos encontramos con un Rhône calmo. Parecía un lago. Había algo de corriente, pero nuestra velocidad era ahora de 3.5 nudos. Pasamos el puerto de Vallebregues y frente a nosotros se mostró el perfil de los Alpes! Puse el piloto automático un rato mientras Antoine hacía la comida. Fui a la proa y descubrí una zona de relax del ruido del motor. Aquí casi solo se escuchaba como Tortuga rompía las aguas del Ródano! El resto de la jornada transcurrió con absoluta calma. Simplemente disfrutamos del viaje. Sobre las 17:00 llegamos a Avignon. Las vistas eran impresionantes. La ciudad nos recibió con una estatua representando la revolución francesa. Enseguida se mostraron los tan famosos “Palacios Papales”, con una columna de más de 50 metros rematada por una figura dorada de una virgen. Seguimos adelante buscando la marina que comentaba la guía. Después del puente de Saint Benezet encontramos el puerto. No encontramos las duchas prometidas, pero sí había agua y electricidad. Nos abarloamos a un muelle de piedra. Recogimos  un poco, un manguerazo para refrescarnos y salimos a ver la ciudad. Una auténtica maravilla, una ciudad fortificada. Nos tomamos unas cervezas en la “Plaza del Reloj”. Un día increíble!

    • Distancia recorrida: 22 nm
    • Tiempo aproximado: 8 h
    • Número de esclusas: 1
    • Altura ascendida: 15,50 m (sobre el nivel del mar)
    • Distancia total recorrida: 1087 nm
    • Tripulación: Antoine

Día 58: Esclusa de St. Gilles (PK 299) – Arles (PK 282).


Puente colgante sobre el Petit Rhône
El anfiteatro romano de Arles

Estatua de bienvenida al anfiteatro romano de Arles

Coliseo romano de Ar
14.09.11. Sobre las 6:30 escuchamos que los motores de la pèniche volvían a ponerse en marcha, así que salimos para asegurar que todo fuera bien. Y todo perfecto. Control absoluto de la embarcación. Intentamos volver a dormir un poco, pero fue difícil, así que nos pusimos en marcha. Desayunamos y revisamos un poco todo el barco. Estibamos la pasarela y miramos las cartas para ver dónde podíamos hacer la próxima noche: Arles o Valdebregues. Esas eran nuestras dos opciones. En Arles había mucho turismo por hacer, ya que tiene importantes restos romanos y más de 3,000 años de historia, pero había que descender el Rhône unos kilómetros, desviándonos de la ruta. Valdebregues suponía avanzar un poco más, pero no habría ni tiempo ni mucho que ver. Así que decidimos Arles. Estaba más cerca y podríamos hacer algo de turismo. Libramos los cabos y navegamos el Petit Rhône. Este afluente es una auténtica maravilla. Me lo hubiera perdido si hubiera decidido entrar en los canales por St. Louis. La guía decía que era una de las zonas más “salvajes” del Rhône, y así era. Sólo vimos una casa y algunos puentes de tren y coches. Pero nada más. Sobre todo, mucha naturaleza. Vimos continuamente águilas, de tofos los tamaños, cazando en las orillas del río. También vimos unas pequeñas tortugas, aunque rápidamente se perdían de vista en las turbias aguas del río. Nuestra velocidad era de unos 3 nudos. Un viento de N (mistral), se canalizaba en el río a rachas y ralentizaba temporalmente nuestra marcha. Recorrimos los 20 km del Petit Rhône y llegamos a la unión con el Rhône sobre las 13:15. Aquí, y al igual que en las carreteras, había un cartel que indicaba que por el río hacia el N se iba hacia Lyon y hacia el S hacia Arles, así que viramos a estribor y pusimos rumbo S. Gracias a que teníamos la corriente y el viento a favor, llegamos en muy poco tiempo a Arles. Vimos el famoso “Halte Fluvial” que indicaba la guía como un puerto completo, pero no era más que un pequeño muro con todas las características que uno NO desearía para atracar. El muro consistía en unas planchas arrugadas en forma de grandes “U”, de tal manera que las defensas que colaban en esas “U”s y completamente anulaban su función. Además había mucho tráfico y cada vez que pasaba una pèniche las olas prácticamente te subían a tierra porque el muro era muy muy bajo (aproximadamente unos 20-25 cm). Así que decidí coger todas las defensas que tenía y hacer una “super salchicha” que dejé flotando en el agua para proteger a Tortuga. Y funcionó genial. Al poco se animaron más veleros y el muelle se llenó. Todo el mundo adoptó la idea de la “super salchicha”, que así terminó por llamarse. Eché una mano a un par de ellos a amarrar y los que llegaban ayudaban a los que iban llegando posteriormente. Ideal!. Recogimos un poco y cuando fui a buscar el agua, la electricidad y las duchas prometidas por la guía, no pude encontrar ninguna de las tres. Vaya puerto! Así que tuvimos que recurrir de nuevo a nuestra “ducha solar” improvisada. Hacía falta agua para reponer la ducha, y me acerqué a un cementerio cercano a llenar la garrafa en la fuente. Luego salimos a ver la ciudad. Le dejamos también un mensaje a Gilbert (del Ushuaia, y que sabíamos que andaba por Nimes con su hijo, muy cerca de aquí), por si quería venir a cenar con nosotros. Cruzamos el puente y entramos en el casco antiguo. Primero fuimos al Anfiteatro Romano. Un absoluta preciosidad. Su joya, el busco de una mujer, y que al parecer daba la bienvenida a las personas que entraban al anfiteatro. De allí fuimos a ver las “arenas”. Aquí no entramos, simplemente disfrutamos de las vistas. Un monstruoso coliseo en medio de la ciudad, y apenas a 25 metros de las primeras casas. De allí partían pequeñas callejuelas con muchísimo encanto y que quitaban la respiración cada vez que se descubría un pequeño rincón. Nos sentamos a tomar una cervecita hasta que Gilbert llamó para decir que aceptaba la invitación. De camino de vuelta paramos en el supermercado y Antoine compró un poco de vino y Pastise. Para cuando llegamos, Gilbert ya había llegado a Arles. Tomamos un pequeño aperitivo y preparé una paella un poco rudimentaria, pero estaba muy buena. Pasamos una noche de lo más agradable. Acompañé a Gilbert al coche y nos despedimos. A la próxima nos vemos en Gelves!
    • Distancia recorrida: 16 nm
    • Tiempo aproximado: 5 h
    • Número de esclusas: 0
    • Altura ascendida: 0 m (sobre el nivel del mar)
    • Distancia total recorrida: 1065 nm
    • Tripulación: Antoine

Día 57: Palavais-Esclusa de Saint Gilles

Navegando por el canal hacia St Gilles.

13.09.11. Nos levantamos sobre las 8:30 y desayunamos. Pudimos disfrutar de un bonito amanecer en el canal, que ya hervía de actividad: pescadores, pequeños barcos a motor, buceadores, gente corriendo y montando en bicicleta por las orillas… A esa hora de la mañana apenas soplaba una suave brisa. Salimos del atraque sin problemas, a pesar de haber estado tocando el fondo toda la noche. Continuamos camino bajo un calor impresionante, que se veía intensificado por la falta de viento.
Llegando a la esclusa de Saint Gilles
Amarrados a los duques de alba tras la esclusa
Dentro de la Esclusa de St. Gilles
Al igual que ayer, estábamos haciendo una velocidad de 3.5 nudos con el motor a unas 2,000 rpm (teníamos corriente en contra). Sobre las 10:30 pasamos Carnon y sobre las 14:00 pasábamos una esclusa (que está siempre abierta) y el desvío del canal que se adentraba en Aigues Mortes. Yo tenía muchas ganas de ver esta ciudad, ya que he leído mucho acerca de ella, pero el calado máximo de acceso a la ciudad era de 1,60 (como indicaba la señal a la entrada). Todo continuó sin más imprevistos. Las vistas eran muy bonitas, porque el canal era bastante estrecho y había unos paisajes preciosos. A nuestro estribor se desplegaban los paisajes de la “Camargue” francesa. Los famosos “caballos de la camargue” (unos caballos que se caracterizan por ser blancos, y de un tamaño medio) pastaban a las orillas del canal. Llegamos a la esclusa de St. Gilles sobre las 17:00. Según nos acercamos, Antoine llamó a la esclusa por la emisora, para decirles que estábamos llegando. Según nos aproximamos, la luz verde del semáforo se encendió, indicándonos que podíamos acceder al interior de la esclusa. Teníamos toda la maniobra para atracar de babor, pero a la entrada de la esclusa había un cartel que decía que las embarcaciones de recreo debían de amarrar de estribor. Así que rápidamente cambiamos toda la maniobra y así hicimos. En la pared no había ni bolardos ni cornamusas, así que acerqué a Antoine a una de las escaleras y subió por ella para amarrar en las cornamusas que había encima del muelle. Todo fue perfecto. La puerta de acceso se cerró tras nosotros tras pasar otra pequeña embarcación. El agua subió despacio, sólo medio metro (que era el desnivel que ganaba esta esclusa) (una buena forma de entrar en contacto con este sistema y habituarse a su uso, puesto que teníamos muchas de ellas por delante). Al entrar el agua, la corriente llevó el Tortuga un poco hacia popa, tensando los cabos de proa. Cuando todo se hubo calmado, apenas 10 minutos después de que se cerraran las puertas, se encendió la luz verde de la puerta de salida (a nuestra proa). El técnico de la esclusa bajó a saludarnos. Nos dijo un amable “Hola” (en español) y me preguntó mi apellido para contrastar la vignette. Luego se despidió con un “buen viaje” (también en español). Primero salió la otra embarcación y nosotros después. Preguntamos en la esclusa si era posible hacer noche en los pantalanes del otro lado. El hombre de la oficina dijo que sí, que no había problema. Pero para nuestra sorpresa, cuando llegamos al otro lado, no había pantalanes. Sólo 3 duques de alba de un tamaño inmenso. ¿Qué hacer? Al final optamos por echar la amarra de proa a uno y la de popa al siguiente. Para hacer esto, me aproximé al primer pilón. Amarré un cabo largo, que fui largando a medida que llevaba el Tortuga hacia el siguiente pilón. Allí amarró el cabo de proa Antoine, y entonces yo sólo tuve que cobrar de popa hasta dejar el Tortuga entre los dos pilones. No tendríamos problema. El único problema era Fanette, la perrita de Antoine, que no podría ir a tierra esa noche. Ya estábamos en el “Petit Rhône”! Las vistas eran geniales. Parecía que estábamos en el Amazonas. Así de densa era la arboleda en las orillas. Apagamos el motor, y el silencio era increíble. Sólo se escuchaban algunos pajarillos. Nos tomamos un poco de vino local que Antoine trajo. Luego una buena ducha (eso sí, con agua bien fresquita) y a cenar. A Antoine se le ocurrió que al día siguiente llenáramos la garrafa de agua que tenía un grifo con una bolsa de basura negra y la dejáramos al sol todo el día al día siguiente. Así haría a modo de ducha solar. Ya veremos si funciona! Estábamos cenando fuera, pero tuvimos que entrar porque los mosquitos nos estaban literalmente comiendo vivos. Y sobre las 21:50 se hizo la luz! Era una luz cegadora. Salí corriendo a ver que era. ¿Un platillo volante? ¿Vienen a abducirnos? No! Era una pèniche GIGANTE! Tendría lo menos 90 metros de eslora. Y venía a atracar donde estábamos nosotros. Yo me quedé en la proa con unas luces para hacer señas al marinero de proa para asegurar que nos había visto. Y sí, nos vio. Pero ni se dignó a decirnos ni un “hola, buenas noches”. Yo andaba atacada de los nervios. Parecía que iba a atracar encima de nosotros. Y casi casi! Estábamos proa con proa! Solapaban nuestras embarcaciones unos 4 metros. Su ancla era casi tan grande como la mitad del Tortuga! La acción de su hélice de proa y nos empujaba violentamente contra la costa, pero estábamos muy bien amarrados y no había problema. El marinero de proa le daba indicaciones al capitán (en popa) por un talkie. Antoine puso la pasarela amarrada a modo de “trampolín” entra el Tortuga y la Peniche. No queríamos que una ola nos echara la pèniche encima. La noche, después de todo, fue tranquila.
    La proa de la pèniche, vista desde la cubierta del Tortuga
    • Distancia recorrida: 25 nm
    • Tiempo aproximado: 6.5 h
    • Número de esclusas: 1
    • Altura ascendida: 0.5 m (sobre el nivel del mar)
    • Distancia total recorrida: 1049 nm
    • Tripulación: Antoine
 

lunes, 19 de septiembre de 2011

Día 56: Sète-Palavais (Les Quatre caneaux)


Mi nueva tripulación: Antoine y Fanette.
12.09.11. Me desperté sobre las 7:00 y me puse a terminar de recoger un poco y desayunar. Llené los tanques de agua de proa y revisé el motor. Y ya se me hicieron las 10:00! Y llegó Gilbert! Me dio la estufa y me enseñó cómo usarla. Además me dijo que me quedara con los 10 litros de petróleo que le quedaban, que él ya no tenía uso para ellos. Luego me acordé que con tanto lío no había comprado el vignette de VNF (que es como una especie de pegatina que tienes que comprar al gobierno francés para poder utilizar las esclusas. Miré por Internet, y se podía comprar online. Para mi barco costaba 60 euros y tenía un límite de validez de 20 días. Había que imprimirlo y pegarlo en algún lado visible del barco.
El puente de Frontignan, que tardó más de los esperado en abrir.
El puente peatonal, que se abrió justo cuando nos aproximamos.
Al poco tiempo llegué Antoine!. Pusimos todo su equipaje a bordo y fuimos a comprar algo de comida y llenar unos tanques que había traído de gasoil. Así que no tendríamos que repostar casi hasta llegar a Lyon! Cogimos su coche para ir a llenarlos e imprimir también la vignette. Todo esto lo hicimos en Frontignan. Volvimos al barco sobre las 11:15. Antoine me dejó a Fanette, su perrita, que vendría con nosotros a navegar y se fue a aparcar el coche y le dejó las llaves a Guiome por si hacía falta moverlo por alguna razón. También dijo que vendría para ayudarnos a salir. Libramos todos los cabos menos el que poníamos cuando soplaba muy fuerte la tramontana. Guiome jaló de este cabo desde el pantalán de enfrente para luchar contra la tramontana que soplaba. Luego ya fue fácil salir. Soplaba un viento N de más de 25 nudos. Cruzamos despacito el Ethang de Thau hasta la entrada del canal de Rhône a Sète. La guía IMRAY que tenía decía que el puente de Frontignan (un puente móvil que era el único obstáculo en nuestra travesía de hoy) abría a las 13:30. Así que queríamos estar allí a tiempo. Llegamos frente al puente sobre las 13:10. Atracamos próximos al puente en espera a que abriera. Había un hombre que paseaba por el muelle, y nos saludó. Le dijimos que esperaríamos a que abriera el puente a las 13:30, pero el hombre nos dijo que el puente no abría hasta las 16:00! Qué bien tener una buena guía! Así que nos tocó esperar. Hicimos de comer y descansamos hasta esa hora, cuando nos volvimos a poner en marcha. Llegamos a una zona donde había un puente peatonal. ¿Cómo cruzarlo? La guía imray decía que había que contactar con el puente, pero no decía cómo. Pero en cuando nos vieron acercarnos se abrió! El puente consistía en unas vallas metálicas flotantes, y estaba partido por su centro. En este centro había una barca, con dos motores: uno dispuesto en sentido “avante” y el otro al revés. Así que cuando el barquero veía una embarcación llegar, encendía un motor y arrastraba una de las mitades del puente, que pivotaba sobre su base. Cuando pasamos, el hombre apagó ese motor, y encendió el otro para devolver el puente a su estado normal. ¡Qué buen invento! Continuamos camino. Cruzamos varios Ethangs (lagos). En todos ellos había muchos flamencos! Era una vista preciosa. En los últimos años habían dragado el canal de Rhône a Sète para que las “pèniches” (los cargueros de río) pudieran llegar a Sète. Toda la tierra que habían sacado la depositaron en los lados, haciendo verdaderamente unos pequeños muros de tierra que delimitaban el canal a través de los lagos. Era una vista realmente curiosa. Además la gente utilizaba estos muros de tierra (accesibles desde tierra) para ir a pescar!
Artes de pesca a la orilla del canal.
Ya se estaba haciendo de noche y decidimos pasar la noche en Palavais, cerca de Montpellier. Cruzamos el cauce del río Lez y no vimos un buen amarre (como decía la guía). Decidimos retroceder unas decenas de metros. Nos acercamos a un muelle que ponía “P” (que en los canales significa que es posible amarrar y pasar tiempos largos como una noche). Según nos acercamos encallamos en la arena, pero despacito pude retroceder y salir. Había un barco inglés (una motora enorme) justo en frente y la mujer nos dijo que unos barcos más adelante había un espacio donde un velero grande atracó la noche anterior. Tal vez allí habría un poco más de fondo! Y así fue, pero justito! Calculo que Tortuga estaba durmiendo con la quilla en el fango. Pero muy bien. El atraque consistía en un muro de piedra, y un pequeño escalón de unos 20 cm justo por debajo del nivel de marea. La pareja del barco inglés no echó una mano para amarrar. Yo temía este escalón (no quería rozar el barco como hice en Sète), pero al estar tocando fondo la quilla, impedía que nos acercáramos a este escalón. Puse de todas formas todas las defensas que tenía con un poco de lastre para evitar roces. Le mandé un mensaje a Blanca, que pensaba que estaba en Montpellier. Tal vez quería venir a cenar con nosotros! Pero no hubo respuesta. Tomamos el “aperitif” y luego Antoine cocinó el pollo de corral que había traído. Exquisito! Fue una noche muy agradable. Y a domir que mañana teníamos que llegar a nuestra primera esclusa… St. Gilles!
    • Distancia recorrida: 23 nm
    • Tiempo aproximado: 7 horas (contando con la espera)
    • Distancia total recorrida: 1024 nm
    • Tripulación: Antoine

domingo, 11 de septiembre de 2011

Día 55: Más Sète (VII)

11.9.11. Hoy ha sido un día bastante aburrido. Me he dedicado simplemtente a preparar el barco para la salida mañana. Revisar el motor, limpiar un poco, repostar combustible, llenar los tanques de agua... Terminé de montar la tapa del tambucho y fui a arreglar cuentas con Guiome. La verdad es que salió muy bien todo de precio: bajar el palo: 50 euros; la madera del tambucho: 6 euros; La estancia en el puerto (dos semanas): 76 euros.

Me llamó Antoine, y me dijo que a qué hora quedábamos para mañana. Bueno... el factor limitante es el puente levadizo de Frontignan, que está a unos 10 km de aquí. Suponiendo que tarde 1/1,5 h en hacer esa distancia, y que el puente abre sobre las 13:30, las 11 me pareció buena idea... Así quedamos.

A última hora de la tarde se acercó Guiome y me dijo que cazara la amarra de "cuando hay mucho viento de tramontana". Yo le pregunté, porque el Passage Weather no predecía tanto viento... Simplemente se encogió de hombros y me dijo, "oui", mucho viento. Fui a consultar la meteo francesa y decía vientos de 30 km/h (15 nudos). No eran mis condiciones ideales, pero bueno... En cualquier casoo para el martes había calma. Pensé que sin conocer los canales, lo mejor era ser precavidos y dejar la partida para el martes... Total... llevo aquí dos semanas, me daba igual un día más o menos... Pero no di  con Antoine. Le terminé por mandar un mensajito. Me llamó más tarde, sobre las 22:00 diciendo que no habría problema en el canal, que podíamos salir perfectamente... pero yo no estaba del todo convencida. Quedamos en vernos en cualquier caso por la mañana. Ya veremos cómo se levanta el día mañana...

Día 54: Más Sète (VI)

Me levanté tempranito para terminar de quitar la madera antigua de la tapa del tambucho. Sobre las 9 fui al taller pero no había nadie, así que me volví para el barco. Sobre las 10:00 vi a Guiome paseando por el pantalán y salí a preguntarle si podía seguir trabajando en el taller esta mañana. Me dijo que sí, pero que me esperara en mi barco media hora, porque iba a entrar un catamarán muy grande con problemas de motor y debía de vigilar que no me golpeara. Todos hacían lo mismo con sus respectivas embarcaciones. Y en unos minutos apareció el catamarán. Había bastante viento, e hizo la aproximación al pantalán unas tres veces, sólo para dar media vuelta e intentarlo de nuevo. A la cuarta fue la vencida y metió el catamarán en el pasillo tan estrecho que hay entre los dos pantalanes. Por suerte, el viento le separaba de mi, porque lo que no hubo problema. Pero el barco de enfrente, un barco de madera enorme, no tuvo tanta suerte. El catamarán fue directo a él. El dueño estaba en la proa con un bichero y una defensa. No vi muy bien lo que pasó, pero el hombre acabó en el agua. Al final echaron cabos a tierra, y a mano se pudo meter el catamarán en su sitio. De allí, seguí quitando la madera hasta la hora de comer. Por la tarde me dediqué a pegar la madera. Al final usé sikaflex, y puse 4 baterías a los lados (para que no se desplazaran las superficies) y 6 baterías más sobre la madera para que se terminara de pegar bien. Misión cumplida! No vi a Gilbert en todo el día... lo que me pareció raro porque habíamos quedado esa mañana...
Bueno, ya toca descansar que mañana tengo que preparar el barco para intentar salir el lunes.